Category: Personajes

Aurea Morán

 

Aurea Morán

Aurita, como la conocemos todos, la de la cantina de Luyego, o la cantina de Moran, o de las Manolas………

Muchos nombres para definir a un lugar único.

Anclado en el centro del pueblo de Luyego de Somoza desde el año 1.897.

Por aquel entonces su abuelo, Lorenzo Nieto, natural de Luyego de Somoza, se casó con Ángela Fuertes del pueblo vecino de  Villalibre, y se decidió a abrir una cantina que perdura físicamente, pero que ya cerró las puertas a las visitas comerciales, no así a los amigos y la gente de bien que se acerque por su puerta.

 

 Estos, Lorenzo y Ángela,  tuvieron una hija  Laura Nieto que heredó la cantina, y se casó con Agustín Morán. Y así llegamos a al personaje que nos ocupa Aurea Morán, hija de estos que junto a su hermana Ascensión, continuaron con el oficio hasta hace pocos años.

Ascensión, ya fallecida, era la más capacitada para la cocina, y Aurita para el trato y el servicio, despachando cuartillos de vino, café de pote, y brandy Tres Cepas a los más pudientes.

 

 

 

 

 

 

Una vida cantinera, que arrastra la heredad de tres generaciones. Mil anécdotas, y mucha, muchísima sabiduría acumulada detrás de esa mirada astuta que se apoya en unos pómulos prominentes y coloreados.

 

                                                                   Lagartán

Valentín Arce

 

 

Regente de la cantina de Filiel que lleva su nombre, y carnicero de prestigio en la zona, atiende durante la semana la carnicería haciendo también el reparto, y durante el fin de semana su cantina o mejor dicho, casa de comidas.

 

 

         Su abuelo, Francisco Arce y su abuela Eugenia Panizo, naturales  del pueblo de Filiel, iniciaron  a la familia en el oficio allá por el año 1936. También  instalaron  una casa de comidas en el pueblo vecino de Lucillo los días que en él había feria de ganado. Esto es cada primer y tercer lunes de mes, saciando así el apetito a los feriantes y compradores, amén de oportunos visitantes y vecinos con pudientes, que se dejaban caer por su casa buscando la mejor tajada.

         El negocio lo hereda su padre Maximiliano, que con su esposa Antonina González  mantiene y acrecenta la fama de sus guisos, siempre de carne de reses autóctonas adquirida a los ganaderos de la zona.

         Por el año 1985 deciden abandonar la casa de comidas de Lucillo, pues la feria ha dejado de ser lo que era y la afluencia de clientes se ve muy mermada. No así en Filiel, donde sigue perpetuándose el negocio hasta nuestros días.

 

         Allí podemos encontrar a Valentín estazando una ternera para llevárnosla fileteada, o guisándola en una tartera, y cociendo un chorizo entrecallao para saciar el apetito que por estas tierras se levanta, con unos regoixos  de pan de leña y unos gotines de vino.

 

                                                                                                      Lagartán